“Aquí, se fabrican poemas”, decía en el dintel.
Toqué esa puerta, me abrieron.
Allí adentro lo primero que vi, fue a un cojo,
este trataba de escribir con el pie falto.
Luego tropecé con un manco,
este se esforzaba por escribir con la mano carente.
Enseguida vi a un tuerto,
este estaba entretenido en leer unos caracteres ajenos,
se tapaba el ojo bueno con la única mano.
Luego vi a un sordo,
extrañamente, una bella musa le susurraba por el oído inútil.
Luego vi a un mudo, le habían arrancado media lengua,
así porfiaba por declamar algunos sonidos.
Luego vi a un desnarigado, por extraños motivos tenía selladas las fosas/ nasales,
así aspiraba con la boca los olores de la tinta con los que escribía una/ pluma.
Este lugar, el más extraño cubículo que nadie podrá ver,
tenía la más variada fauna desmembrada de la humanidad.
Así, adentrándome en este reino, me tope con un niño,
este con toda su sencillez tenía sus órganos completos,
noté que no le interesaba escribir ni nada de lo que los demás se/ esforzaban.
El niño habló, me dijo: ¡Te amo!
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