Inicio | El Autor | Contacto | Novelas en PDF | Anaquel | Epítome
IntroducciónPinturaDibujoPoesíaLibrosEpílogo
 

EPÍTOME

Vivimos en el siglo XXI y todo nuestro comportamiento sicológico es como en un siglo perdido en el tiempo de la barbarie. Los aspectos sicológicos que manejamos y con los que vivimos permanentemente nos empujan a interiorizar, dentro nuestro, sufrimientos capaces de complicarse día a día... Muchos replicarán: ¿Sufrimientos?, sin duda, una pregunta así, viene sin haber hecho antes un análisis hondo de lo que sucede en torno nuestro y en los interiores nuestros, especialmente en este último. Si nos pusiéramos a vernos tal cual somos, de manera imparcial, como si estuviéramos viendo a otra persona, caeríamos en esta cuenta.

Los primeros años de la vida transcurren entre la inocencia que nos hace ver al mundo con matices maravillosos, los mejores colores de la vida están presentes entonces... y sabemos ¿el por qué de todo esto edénico?, porque aún dentro nuestro no ha sido plantada la semilla del "mal", esto vendrá luego, de esto se encargarán aquellas personas que nos rodean en el entorno cercano y lejano.

Es el momento de entender que las manifestaciones de violencia, odio, revancha, ira, chisme... y la gran variedad de otros elementos sicológicos defectuosos que cargamos dentro, convierten nuestra vida en un infierno. Somos un problema para nosotros y para los demás, en mayor o en menor grado, todos nos torturamos mutuamente. Las manifestaciones defectuosas, de las que estamos hablando, provienen de nuestra mente, un punto neurálgico múltiple de donde brotan todos nuestros "dolores" y "gritos". Los lóbulos cerebrales de donde parten estos dolores y gritos son, no otra cosa que, siete componentes que en algún momento de la vida han enfermado por aquello que en los libros sagrados llaman: lujuria, ira, pereza, soberbia, gula, envidia...

Nuestra mente, este cerebro está desnaturalizado, y aquello que la ha enfermado tiene un origen no diferente que el producido por una bacteria patógena o por un virus mortal. Analizando la acción de los virus o de otros microorganismos, causantes de enfermedades, dentro del organismo físico vivo, encontramos que no hay diferencia con lo causado dentro del cuerpo sicológico de una persona, causan dolor y sufrimiento, propio y ajeno. Es importante tener en cuenta que no solamente somos criaturas que poseemos un cuerpo físico, sino que tambien tenemos un cuerpo sutil, el asiento de nuestras vivencias sicológicas.

La vida diaria, el contacto permanente con nuestros semejantes, nos ha dado, a cada uno de los que habitamos este planeta, ciertas características sicológicas que compartimos habitualmente, esta cotidaneidad hace que los consideremos normales, aunque no lo sean. En algún momento de la vida, estos aspectos, han tenido que ser introducidos en nuestro mundo sicológico, generalmente esto sucede de manera imperceptible, sin quererlo voluntariamente. Estos aspectos, son sin duda perjudiciales en su gran mayoría, pues de no ser así, viviríamos en un mundo lleno de armonía, en un paraíso bíblico.

El individuo hace a la sociedad. La acción de los microbios sicológicos, una forma de referirme a lo causado por los defectos sicológicos, llegan poco a poco. Alguién nos lo imbuye de manera sutil, un contagio que lentamente se va acentuando dentro del individuo contagiado, y se manifiestan como respuesta ante un estímulo externo determinado. El inocente niño, se transforma en un adulto lleno de dolores, iracundo, renegón, insultador, chismoso, vengativo, miedoso, desconfiado y aquí viene una larga lista de otras formas de actuar totalmente enfermizas.

Somos el reflejo de lo que tenemos en nuestro interior, si muy adentro nuestro tenemos el microbio del odio, en cualquier momento este aflorará a la superficie y toda su acción delictuosa se pondrá de manifiesto. De existir un permanente estímulo de este defecto, sin duda que más tarde se podrá tener unos resultador aterradores, de esto no hay la menor duda. Este párrafo, cabe concluir, con que vivimos en un mundo donde se da mucho alimento a este microbio.

Es importante tener en cuenta que nuestras dolencias sicológicas se contagian: una persona iracunda, hace de otras también iracunda. Una persona envidiosa crea símiles igual a ella, y una persona lujuriosa tendrá prosélitos semejantes. En algún lugar leí un concepto que bien puede adaptarse a este párrafo: "Dime con quién andas y te diré quién eres".

El hogar donde nacemos, es el primer lugar donde nos ponemos en contacto con la realidad del mundo. Nuestros padres, son las primeras personas en entregarnos toda la sanidad o toda la enfermedad que ellos ya tienen. Esta sanidad o enfermedad, empieza en en el vientre materno, aunque si nos prolongamos un poco más allá de la etapa fetal, encontraremos que se prolonga a generaciones atrás.

¿Cuándo, en el pasado ancestral, se han introducido dentro nuestro, aquello que nos convierte en criaturas dolientes? Ya desde los tiempos que están más allá de los personajes bíblicos la vida es dolorosa, es por eso que los libros sagrados de la humanidad han sido escritos para mitigar nuestras penas y es posible que sus textos logren curar todos nuestros dolores, cabe vivir sus consejos. Los escritores de estos libros, por las trazas, sin ninguna duda, han sido grandes estudiosos de la siquis humana, eximios sicoanalístas, trascendentes siquiatras, como de los que todavía no hay en el ambiente académico de nuestros días. Haciendo un análisis concienzudo de estos libros veremos que dentro de su aparente lenguaje mitológico se esconden de manera cifrada trascendentales conceptos de la más alta sicología humana, de los inicios y del aniquilamiento de la razón de ser de nuestros dolores y gritos.

El cielo o el infierno, no se encuentran en ningún otro lugar que no sea dentro de la persona, dentro del individuo humano aquí y ahora. Imaginemos a dos personas en un lugar cualquiera, uno junto a la otra; una de ellas sumida dentro de pensamientos de odio, de revancha, de iracundia, de insulto,..., y otra con pensamientos de calma, de perdón, de sinceridad, de comprensión, de amor..., tengo la absoluta seguridad que esta persona habita en una mansión celestial y aquella en un afiebrado infierno.

No sabemos cuando hemos sido contagiados con el virus de los defectos sicológicos. Pero existe la certeza de una cura, de una forma de remisión de todos sus efectos desastrosos. Los libros sagrados nos lo afirman, repito que estos contienen las maestras afirmaciones de un siquiatra trascendental. Existe una terapia física para las enfermedades físicas y existe una terapia apropiada para las enfermedades síquicas o sicológicas.

Es el momento de dar una mirada a nuestro interior. Es el momento de buscar respuestas en nuestro interior. Allá están los cielos y los paraísos que los antiguos han descrito con tanta profusión. ¿Cuántos de nosotros vivimos en un eden? ¿Cuántos en un infierno? Muchos de nosotros hemos permitido que todas las plagas enviadas para castigar al faraón bíblico, marquen con hierro candente nuestra siquis, toda la desolación del Apocalipsis ha oscurecido nuestra razón y no lo notamos, los sentimos "naturales". La Biblia nos dice que en vez de que las plagas de egipto y el apocalipsis se ensañen con nosotros, nosotros debemos llevar hasta allí estas plagas y el apocalipsis, aniquilar con estas herramientas a los monstruosos habitantes que allí viven, para liberar lo mejor que tenemos allí adentro, es imprescindible quitar los grillos que atan a nuestra verdadera esencial...

Tiempo
   
Muestra de Pintura
Muestra de Dibujo
Muestra de Poema
Muestra de Novela
Epítome
Anaquel
Contacto
Naufragio
 
Es importante tener en cuenta que los pecados, de la biblia, no son otra cosa que aquello denominado por los sicólogos, sicoanalistas y siquiatras, como traumas, obseciones, transtornos de la personalidad y hasta graves cuadros sicóticos.
Analicemos nuestra mente, este es capaz de todos los prodígios... y también de todos los pesares, posee una fuerza energética incalculable, estas fuerzas, controladas o desfocadas pueden originar dentro nuestro mutaciones genéticas positivas o negativas.
La biblia nos habla de la curación de problemas mentales desastrosos, es importante meditar sobre esto, sucedido allá atrás en en tiempo, con la presencia del Rabí de Galilea. Lo histórico nos dice que este existe en nuestro interior como una fuerza omnímoda, capaz de pulverizar todos nuestros peores temores, todos nuestros dolores y por consiguiente todos nuestros gritos.
Existen pautas, dentro de la sutilidad del lenguaje cifrado en todos los libros sagrados de la humanidad, a seguir en el presente.
Realmente, los libros sagrados, no nos hablan de un paraíso o un infierno en el futuro, nos hablan de ambos como estados internos en el presente... sin duda si estos no se cambian, proseguiran más tarde.
Los libros sagrados, nos hablan de una madre nuestra, de aquella que mora en nuestro interior, de aquella que debe parir al salvador del mundo... de nuestro mundo interior. De aquella, que en suma tiene, la potestad de aniquilar aquellas caricaturas vivientes del inframundo nuestro, su amor es capaz de estos prodigios. La madre, al parir, mata a la muerte.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Inicio | Introducción | Pintura | Dibujo | Poesía | Novela | Epílogo | El Autor | Contacto
Derechos reservados. Copyright © Raúl Huayna. 2005 - 2011. Prohibida la reproducción total o parcial de esta página.