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ANAQUEL

Practicamente, casi todos los problemas humanos, por no decir todos, se deben a la sexualidad que manejamos e inculcamos, nosotros los que habitamos este planeta al que llamamos Tierra. El ejemplo y los conceptos con el que se nos educa, desde que nacemos hasta que morimos, posee la firma dolorosa con la que está escrita uno de círculos dantescos más dolorosos.

Es necesario comprender que somos seres en un cien por ciento sexuales, todo lo demás parte de aquí. Si no falláramos en lo sexual la humanidad viviría en un edén, esto es obvio. Todas las plagas que deberían castigar a los humanos ya están sueltas y nosotros mismos los hemos creado, no ha habido la necesidad de un dios iracundo que nos lo inbuya.

Cuando empecemos a considerar que cada uno de nosotros, en mayor o menor grado, contribuye con hacer más difícil nuestra situación vivencial sobre el planeta, será el inicio del cambio. Es el momento de dejar de echar la culpa a los demás, es el momento de acusarnos a sí mismos de los problemas humanos.

La sexualidad humana está manejada por personas que nada saben de sí mismas. Estas personas observan en los demás el funsionamiento de la sexualidad humana, pero no lo observan dentro de sí mismas o si la observan dentro de sí mismas lo observan con los conceptos que son parte de todo un círculo vicioso sexual.

"Esto está comprobado y esto no está comprobado", suelen ser las palabras más usadas por los apóstoles de la ciencia de hoy, ¿Es que no nos damos cuenta que los hechos indican lo contrario? La ciencia, con respecto a la sexualidad, ayer decía una cosa y hoy dice una cosa diferente con respecto a una misma cosa y con seguridad que mañana dirá otra cosa. ¿Entonces, a quienes dar crédito? ¿Fueron exactos los de ayer? ¿Atinan ahora? ¿Acertarán en el futuro?

La ciencia, enfocando al aspecto sexual en el Homo sapiens, afirma que todos sus estudios están bien encaminados y lo que ella diga es ley. Si cada uno de ellos se pusiera a estudiar al bichito ese de la lujuria, con un enfoque diferente, dentro de sí mismos, se darían cuenta que este bichito en realidad es un monstruo; un monstruo en cuya cabeza anidan muchas otras cabezas.

Lo cierto es que, apóstoles de la ciencia y no apóstoles sufren de todas las plagas apocalípticas en su propio cuerpo y en su propia síquis. Lo sexual los atormenta, los confunde y los enloquece... y ¡todo esta bien! ¡No hay limitaciones, si tú crees que está bien lo que haces, está bien! ¡La lujuria es un concepto inventado por las religiones! ¡Yo sólo conozco deseo y pasión, y no lujuria!

Pese a todos los consejos de los consejeros sexuales, los problemas humanos aumentan y lo peor, para aliviar estos problemas utilizan medios que al final acaban incrementando estos problemas, usemos una pildorita para evitarnos esto o aquello, en vez de enfrentarnos cara a cara contra la medusa y sus múltiples cabezas de serpiente. Preferimos adorar a la bestia de nuestro interior en vez de combatirla.

La lujuria, la cabeza de legión de cuánto conocemos, hoy por hoy es una señora muy respetada. La hemos vestido con un sinnúmero de atuendos y la hemos apodado con un sin fin de nombres agradables y algunos, repito, hasta la adoramos.

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